lunes, 18 de julio de 2011

Sangre en la luna




SANGRE EN LA LUNA



        En la profundidad del abismo, no había secretos. Todos sabían quién era quién, pero sin acertar a pronunciar palabra exacta o nombre.


        Hundido en un rincón, aquel mexicano con su sombrero; muriendo poco a poco en su silencio, en la absorta agonía del pecador ultrajado. Y en lo más alto del cielo, la Luna, una luna llena, rojiza y nebulosa.


        Allí siempre era de noche. Una madrugada eterna en la que todos eran esclavos, excepto Kandahar, el único nombre que recuerdo. Había que recordarlo puesto que, si no, morías.


        Era el dueño de las vidas de todos nosotros. Nos enseñaba a succionar sangre de las gargantas, pero sólo los más aventajados sobrevivíamos, pues nos hincábamos los dientes, nuestros afilados colmillos, unos a otros. A veces caíamos desmayados, pero con rapidez felina nos incorporábamos, para extraer más sangre de las yugulares ajenas. En una lucha frenética, encarnizada y sin cuartel, con escasa tregua o descanso para respirar. Era lo que nos mantenía vivos, a este lado de la Luna...


  De aquella luna llena,
                        rojiza y nebulosa.



_RAMÓN AGUIRRE_

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