jueves, 15 de septiembre de 2011

Vuelo con motor




VUELO CON MOTOR



    Se estaba dejando el pelo largo a lo Tom Cruise en The Last Samurai. Era un tipo sensato; a veces serio, otras más locuaz y desprendía sagacidad y aplomo en los avatares de la vida cotidiana, luchaba como el personaje de la película, aunque en diferentes frentes.



    Fue en Escocia donde la conoció, su mejor amante en aquellas tierras de inmortales, como bien rezaba la homónima película. Estaba en una taberna de Edimburgo apurando un whisky, solo y abstraído en sus pensamientos. De repente entró una joven y como si de un ángel se tratara, el bar se quedó mudo aunque sólo por un instante, ya que pronto los borrachuzos la empezaron a piropear a cual más soez y con ese inglés cerrado y rudo de aquella parte de Reino Unido. Los comentarios huelga reproducirlos. Ella los ignoró y dirigió sus pasos hacia la mesa de Alberto.



    ¿Puedo sentarme? -preguntó la preciosa pelirroja de ojos claros, piel nívea y con unas pequitas que la hacían quizá más interesante y bella.

         -Por supuesto -respondió Al sin dudar.

       -Necesito salir del país lo antes posible, me persiguen y mi vida está en peligro. Tú eres piloto, ¿no?

     --contestó Alberto sin saber adónde quería llegar la pelirroja. Pero era más que obvio que se dejaría llevar.

           

       Al era piloto de la compañía de transporte Fedex, la misma de Tom Hanks en Náufrago.



-¿Podrías llevarme a España? Me han dicho que tienes una avioneta.

-Sí bueno... pero es de la compañía...

-No importa te pagaré bien -contestó sin vacilar la misteriosa pelirroja.

-No es cuestión de dinero, el avión no es mío...

-Si me llevas a Madrid esta misma noche te pagaré 6000 euros. Contestó tajante la preciosa pelirroja.

-Sólo aceptaría el doble. Mi puesto de trabajo corre peligro si acepto -respondió Alberto con aplomo.

-Está bien -contestó ella con más autoridad todavía. Le ofreció su mano. Al se la estrechó. Era como tocar una nube.



Partieron rumbo a España a las 03:00 de la madrugada. Era una noche cerrada y plomiza y a mitad de trayecto comenzó una tormenta que zarandeaba con estrépito la aeronave.



La chica no tenía miedo, Al lo comprobó al preguntarle por qué tenía que abandonar su país con tanto apremio.

-No es mi país, soy rusa, aunque mi abuela era escocesa –su voz era firme y segura–

-Yo me llamo Alberto; pero no has contestado a mi pregunta... ni me has dicho tu nombre.

-Está bien, mi nombre es Olga. Soy agente de policía rusa, han matado a mi compañero el agente Truslak y van a por mí. En Madrid tengo un contacto que me puede informar sobre los narcos rusos a los que perseguíamos. Perdiéndoles la pista en Londres. Creemos que están en el norte de España, probablemente en Galicia... pero bueno ya te he contado demasiado.



-No te preocupes, sé guardar un secreto, puedes confiar en mí sin temor -respondió Alberto tras un silencio absoluto.



-¿Tienes dónde quedarte a pasar la noche?

-No y quizás ir a un hotel podría ser arriesgado, sería más fácil para ellos localizarme.



La aeronave tomó tierra y Olga decidió pasar la noche en casa de su reciente amigo. Ambos se transmitían buenas vibraciones.



El piso de Al sólo tenía una habitación y aunque éste se ofreció a dormir en el sofá, ella dijo con naturalidad que no le importaba, que podían dormir juntos. Y miedo no era precisamente lo que sentía Alberto.



Estaba buenísima y hacía tiempo que Al no disfrutaba tanto en la cama. Cuando despertó encontró una nota a su lado. Decía: Gracias por todo, volveré dentro de unos siete u ocho meses, no pasarán más de nueve, espérame. Esta misión será la última. Después me retiraré y así podremos conocernos más a fondo... se quedó mirándola al tiempo que veía a un ángel salir de su apartamento.



Alberto recordó su imagen, se entregaría a aquella mujer. No la conocía apenas, pero sentía algo fuerte en su interior y parecía recíproco por sus palabras. La esperaría.



De mi libro Mitos de Insomnia.
R. AGUIRRE

No hay comentarios:

Publicar un comentario