domingo, 9 de octubre de 2011

El vampiro sin nombre


 
EL VAMPIRO SIN NOMBRE



Posicionado frente a la tumba abierta del vampiro, con la estaca en mi zurda y el mazo en la diestra esperaba su llegada. Siempre regresa, pues teme a la luz del día y el entorchado amanecer le mira con rencor, soñando un mañana en el que no tenga que succionar más sangre humana.

Oigo el quejido otoñal de las hojas secas en el suelo, es posible que sea él. Me escondo tras unos arbustos y aparece con su sombra sostenida por  la obscura y enigmática figura que ostenta. Se da la vuelta y me mira -sabe que estoy allí-, abriendo su potente mandíbula me enseña desafiante sus afilados colmillos, no tiene miedo, yo tampoco.

Exhala un gruñido anhelando mi huída, pero aguardo a que el cielo obre a mi favor y el astro solar me dé ventaja. Lanza otro quejido porque está a punto de amanecer.

Vuelve a mirarme, pero esta vez con temor, con un rasgo casi humano.

 –Es lo mejor para los dos –le advierto mostrándole las armas que esperan ser clavadas en lo más profundo de su corazón maldito.

Aunque sea un vampiro sigue teniendo corazón, aunque ya no le lata, aunque sea un muerto en vida, aunque sucumba ante la luz del día. Es su destino desde que el vampiro Germian le mordiera la yugular. Ya no hay tiempo ni lugar para arrepentimientos. Es ya tarde al borde de su propio abismo.

 El vampiro sin nombre dirige su vista al suelo con resignación. Me mira con tristeza y con la melancolía de los que ven cerca su final y pronuncia con el aplomo que le dan sus siglos de existencia:
                                                            
                           -Acabemos con esto cuanto antes.

_RAMÓN AGUIRRE_
De mi nuevo libro `Mitos de Insomnia´.

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