viernes, 9 de diciembre de 2011

Aquel fantasma





AQUEL FANTASMA


La sinrazón de lo idílico transforma la bruma cuando ella la atraviesa cargada de temores intrínsecos a su pasado. Y la sensación de tedio la envuelve sin conocer hacia dónde le conducen sus pisadas.   

La relatividad ajena de una sombra en su semblante nos muestra que agoniza. Agoniza desde la primera madrugada en la que lo elucubro tras ella en el espejo de su tocador. El fantasma abominable no la abandona y la persigue desde aquel fatal desenlace…

La irrealidad de la Nada, hecha imagen en un reflejo que no pertenece a ningún antepasado suyo, a pesar de que la mansión que habita se remonta a ancestros de ella, olvidados en el devenir de los siglos.

Ella entró en la cantina para ahogar su sed y beber también para olvidar… cuando lo ajeno se presenta más cercano y los delirios no remiten.
  
Lucha en varios frentes pero nadie la auxilia, ni la comprende ni la cree. Sin embargo, puedo jurar -yo que soy neutral-, que en su mansión vive acompañada de un fantasma. Este espectro puso la zancadilla a su marido en las empinadas escaleras con la desgracia de romperse el cuello en la caída y morir en ese mismo instante.


Ella no tiene descendencia, ni la podrá tener jamás, es estéril y fenece entre sollozos y pausas que nunca terminan. Su melancolía se multiplica y el fantasma le tiende una mano para que se una a él, la desea y ella no se decide; va tras ella intentando que acepte el tajo de la guadaña de su amiga la Parca…


Vivir para siempre en aquella morada junto a aquel fantasma que la ama desde tiempos inmemoriales y que no cejará en su empeño... 
                                                                                                                                    

                                Tiene mucho tiempo por delante.
  

R. AGUIRRE (c)
De mi libro Mitos de Insomnia

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