miércoles, 21 de diciembre de 2011

La Sombra


LA SOMBRA


        A medida que la oscuridad cubría las tumbas del cementerio, los fuegos fatuos se hacían más evidentes. Las carnes putrefactas de cadáveres recientes despedían aquellos misteriosos e insalubres gases. Junto a la chirriante verja de hierro, una sombra avanzaba tremebunda y rápida entre las primeras lápidas.
         Ayer por la tarde trajeron el último cadáver; carne fresca entre tanta inmundicia. Y el atardecer se fue...
        Lentamente aquella tediosa espera se hizo reconfortante. La Sombra se había internado en la necrópolis buscando a aquel villano cobarde, que había matado a su mujer y a sus hijos. Y había puesto fin a su vida, pegándose un tiro en la sien, con templanza, convencido de que lo que hacía era lógico, en el interior de su irracionalidad.
        Ahora descansaba plácidamente, sin percibir al ente, que se aproximaba sigiloso, pero con paso firme. El asesino se sentía seguro dentro de su nicho, no era consciente de que La Sombra estaba allí, cada vez más cerca, y lo buscaba a él para llevárselo al averno, donde pagaría su craso error.

       El infierno le esperaba.
  
_RAMÓN AGUIRRE_

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