miércoles, 28 de diciembre de 2011

Muerte en vida



MUERTE EN VIDA


La irrealidad de tus gritos, en aquella madrugada atemporal, anunciaba el paso a otra vida que en realidad era la muerte en vida; aunque no de manera telúrica, sino ominosa. Una vida envuelta en telas de araña y polvos de algunas buhardillas o pajares… en aquel pueblo aniquilado por los zombis que nos perseguían a ti y a mí a través de calles ignotas y abandonadas a su particular designio.


Las sombras se ciñeron sobre nuestras cabezas y no nos dieron tregua ni respiro. La lentitud del tiempo nos dirigía irremediablemente a aquellas necrópolis abandonas a su suerte y a la nuestra, repletas de oscuridad y de vientos insalubres que nos hacían estremecer y vomitar.
        
Los zombis estaban cada vez más cerca y con sus gritos desgarrados despertaban a nuevos aliados, que surgían de las tumbas que teníamos a nuestro alrededor.
        
Tarde o temprano nos convertirían en fieles compañeros de sus abominables desdichas, buscando carne y sangre viva para alimentarnos junto a ellos y así saciar nuestro horrendo y moribundo apetito.
        
Nos tenían rodeados y era inútil correr pues campaban a sus anchas alrededor nuestro y eran muchos. Los gritos seguían brotando de tu garganta y eso los enloquecía y los volvía más despiadados.
        
No existía lugar alguno por el que escapar y arrodillados, más por sumisión que por súplica a un dios, al que no llegaríamos a conocer, puesto que la muerte en vida de un zombi es infinita y nosotros no seríamos una excepción en aquel lugar maldito.

 R. AGUIRRE

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