jueves, 5 de abril de 2012

SEMANA SANTA EN BRAGA





SEMANA SANTA EN BRAGA (PORTUGAL)


Un poco de historia

Braga, del latín Bracara Augusta, es una ciudad histórica e inmemorial portuguesa situada al norte del país, capital del distrito homónimo. Cuenta con 181.819 habitantes en la actualidad y con 800.000 en el área metropolitana (GAM do Minho). Es la tercera ciudad más poblada de Portugal, tras Lisboa y Oporto y pasa por ser una de las ciudades económicamente más dinámicas y más populosas de Portugal. Importante centro de comunicaciones, destaca por su comercio y por el turismo que genera su casco histórico. Del mismo modo, la ciudad cuenta con dos universidades (la Universidade Católica Portuguesa y la Universidade do Minho) con una decena de museos, siendo considerada uno de los centros culturales más importantes de todo Portugal. Geográficamente, Braga se encuentra atravesada por los ríos Este y Cávado. Limita al norte con el municipio de Amares, al este con Póvoa de Lanhoso, al sur con Guimarães y con Vila Nova de Famalicão, y al oeste por Barcelos y Vila Verde. Si bien hay vestigios de asentamientos celtas en el lugar hoy ocupado por Braga, cuando la población alcanza verdadera importancia es a partir del siglo II a. C., con la ocupación romana. En efecto: alrededor del año 14 a. C. es fundada Bracara Augusta, que se convertiría en la capital de la provincia de la Gallaecia. La caída del Imperio romano dio lugar a la conquista de la Gallaecia por los suevos, que mantendrían la capital en la ciudad hasta la derrota de éstos por los visigodos en el año 585. Permanecería en dominio visigodo hasta la invasión musulmana de Hispania, si bien sería reconquistada a los pocos años por Alfonso I de Asturias. Cuando, tras su fallecimiento, Alfonso III el Magno divide su reino entre sus hijos, hereda el Reino de Galicia a Ordoño, que fija en Braga su capital. No obstante, la muerte de su hermano García le reporta la corona del Reino de León, pasando Galicia a depender de dicho reino y perdiendo Braga la condición de capital. Tras la independencia de Portugal, obtenida por Alfonso Enriques en 1139, Braga pasa a formar parte del nuevo Reino.

La archidiócesis de Braga

Mención especial en la historia de la ciudad merece la archidiócesis bracarense. Creada en el siglo III, tenía jurisdicción sobre todos los obispados de la Gallaecia, celebrándose en ella varios concilios (destaca entre ellos el de 563, que condenó como herejía el priscilianismo). La invasión musulmana supuso su desaparición, resurgiendo en el año 1070. Los conflictos con las autoridades eclesiásticas de Santiago de Compostela no impidieron la construcción de una catedral que, tras ser destruida por un terremoto en 1135, se reedificaría hasta convertirse en un imponente edificio y en el principal monumento de la ciudad.

Mi Semana Santa en Braga

Una vez que estuvimos instalados confortablemente en la casa de mi hermana en Oporto, decidimos trasladarnos a diferentes enclaves de la zona para conocerla, unos lugares que por entonces no conocíamos. El Viernes Santo, visitamos Braga y decidimos quedarnos –estaba anocheciendo- a ver la procesión. Pensábamos que sería parecida a las que podíamos haber visto en España. Pero nada más lejos de la realidad. Para empezar, decir que no había ningún estruendo típico de tambores y trompetas como los que acontecen por estos lares, y que retumban en varias manzanas a la redonda de distancia. Además, esa noche era muy oscura, no había luna llena y la iluminación era muy débil, con lo cual el ambiente era bastante lúgubre. Empezaron a transitar por las calles de la citada población lusa nazarenos bajo un silencio ensordecedor. A veces, no hay nada tan ensordecedor como el silencio, parafraseando a M. Benedetti. Y en efecto, eso era lo que se palpaba en el ambiente, un silencio muy potente. En esa atmósfera de oscuridad, recogimiento y tristeza, el corazón se encogía a cada paso que daban los encapillados nazarenos, acompañados también de penitentes con cruces macizas a cuestas, que debían de pesar lo suyo, y algunos de ellos con grilletes y cadenas en los tobillos que silbaban fría y acerosamente por aquellas calles lusas. La procesión concluyó con el paso de las autoridades eclesiásticas y civiles de aquellos entornos y con la lenta y ordenada retirada de las personas que habíamos contemplado tan austera y lóbrega procesión de Semana Santa en Braga, tampoco había banda de música al final.
               
                             Quizás todas las procesiones deberían ser como aquella...


R. AGUIRRE ©
 

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