miércoles, 4 de septiembre de 2013

Tarde o temprano



TARDE O TEMPRANO


             El legado disuasorio de las sombras apuntaba al cielo en lo alto de la noche etérea y límpida.

           

Bajo el reflejo de la luna, las espadas y escudos de los Teutecktones brillaban como nunca, y sus labios, recién besados por sus bellas mujeres antes de partir en busca de sus enemigos, ahora tiritaban bajo el frío intenso de la madrugada.

           

Como un clan unido y valiente atravesaban ríos de lava al trote sobre sus ágiles corceles arábigos y desafiaban a las sombras que les buscaban para destruir sus tierras y arrebatarles todo lo que poseían y detentaban.

           

El silencio cómplice de la noche les hería el corazón, que palpitaba velozmente como el de un gorrión asustado en la mano de cualquiera.



El delirio debido a las duras y extenuantes jornadas de viaje, les conducían a la muerte, ya que algunos Teutecktones en aquel estado enfermizo gritaban de locura y a sus compañeros no les quedaba otra opción que acabar con aquellos que perdían el juicio; de lo contrario ese sería el fin de todo el clan, puesto que las sombras les detectarían con más rapidez y esa sería la causa del fin de todos ellos. Tenían pocas opciones y debían aferrarse a sus convicciones.

           



Esas sombras que eran hijas de la muerte no necesitaban comer ni dormir ni descansar. Mientras que aquellos ancestros eran humanos que luchaban contra todos los elementos imaginables en aquellas tierras tremebundas.



Había en los bosques que cruzaban a galope todo tipo de animales salvajes, dispuestos a despedazar a aquellos hijos de Teutecktón; eran tiempos difíciles.

           

El líder de aquellos mortales tenía pocas esperanzas de victoria, pero alentaba a los suyos con todas sus fuerzas, aunque a veces estas flojeaban; era cuestión de tiempo, ya que todos morirían…



                                                                             Tarde o temprano.

R. AGUIRRE ©

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