sábado, 5 de octubre de 2013

Balas de Plata



BALAS DE PLATA






En la incólume madruga Van Helsing me disparaba balas de plata que se incrustaban en mi pecho, una tras otra sin dilación; el cazavampiros, envuelto en su halo y misterio de alma inmortal, luchaba contra lo mundano y lo perverso del tiempo, que se había detenido en todos los relojes de éste y otros mundos.



Las sombras apocalípticas que encumbraban aquella pesadilla sin final se habían sumergido en un eclipse maldito y excluyente. Descubriendo el bajo relieve de la soledad inagotable, que tras la luz de una luna maldita, hacía transmutar la dicha en los peores y más remotos sentimientos.



Sueño maldito en Kandahar oprimiendo a los humanos, tendiéndole la mano a Nilyaé desde la cúpula infinita de una Oníria infernal.



Con el corazón descolgado y moribundo miré de lejos al pasado más remoto que se tornaba sórdido e inescrutable, revestido por el desconsuelo de los perdedores que siempre deliran


                  Entre sus anacreónticas miradas.




R. AGUIRRE ©

De mi libro Mitos de Insomnia.

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