viernes, 14 de febrero de 2014

Con sólo pensarte...




















    CON SÓLO PENSARTE…

 



Con sólo pensarte,
con sólo escuchar tu nombre,
con sólo imaginar
que beso tus labios nacarados
entre la bruma etérea de la madrugada…


Imagino que te abrazo,
que siento latir con fuerza mi corazón,
deseando que el tuyo
siga el mismo ritmo acompasado…


Sueño con sobrevolar tu nívea piel con mis caricias
para que lo eterno se detenga un instante,
para elucubrar la beldad que atesoras
todas las noches de luna llena,
en nuestra región ancestral de plenilunio…



Y sueño que dejamos todo el pasado atrás,
que ya sólo nos importa el futuro…


en tus labios,
en los míos,
en mis frías manos sin ti,
en lo infinito del deseo...


          ¿Juntos?
La respuesta está en tus labios.
 




R. AGUIRRE © 2014

sábado, 8 de febrero de 2014

Áranis y Eníades










 ÁRANIS Y ENÍADES

        
Subyugado por lo oculto, la magia se torna energía de otros tiempos inmemoriales para mi memoria, memorables para la tuya, y en arco de fuego sostenido por una bruma mortecina para otros, una bruma postrada al terror de las mentiras, al temor de lo no dicho, al terror de las batallas, al eco de espadañas y Morfeos, de Áranis y Eníades.


Búscame en la niebla cuando la soledad sea tu cuerpo, cuando el acero brille en mi pecho herido, cuando tras las sombras del ocaso, la luz se bizque niebla y el cuentakilómetros de mi alma se torne negro, se vuelva oscuro y el tiempo se detenga: los días, las noches, el cielo... Pon mi nombre por respuesta.


                                              De lo demás ya se encargan otros.


R. AGUIRRE ©
De mi libro Mitos de Insomnia.

sábado, 1 de febrero de 2014

La Sombra




LA SOMBRA 



A medida que la oscuridad
cubría las tumbas del cementerio
los fuegos fatuos se hacían más evidentes.

Las carnes putrefactas
de cadáveres recientes despedían
aquellos malditos e insalubres gases.

Junto a la chirriante verja de hierro
una sombra avanzaba
con sigilo y rapidez
entre las primeras lápidas.

Ayer por la tarde trajeron el último cadáver,
carne fresca entre tanta inmundicia,
y el atardecer se fue...

Lentamente aquella tediosa espera
se le hizo reconfortante, 
pero La Sombra 
se había internado en la necrópolis
buscando a aquel villano cobarde
que había matado a su mujer y a sus hijos.

Había puesto fin a su vida
pegándose un tiro en la sien,
con templanza,
convencido de que lo que hacía era lógico,
en el interior de su irracionalidad…

Ahora descansa plácidamente,
sin percibir al ente
que se aproxima sigiloso,
pero con paso firme y decidido
para cumplir su misión.

El asesino se siente seguro
dentro de su nicho,
pero no es consciente
de que La Sombra está allí,
cada vez más cerca,
y lo busca a él
para llevárselo al averno
donde pagará su craso error… 

            
                    El infierno le esperaba.



(De la Antología La Palabra Herida)

R. AGUIRRE ©
Piedrabuena, 24 de enero de 2014.