sábado, 29 de noviembre de 2014

El Pueblo de Nilyaé. Capítulo - 1 _La Llegada_



_LA LLEGADA_

1

Una tormenta arreciaba y la conducción, a cada minuto que transcurría, se tornaba más temeraria. Llevaba más de seis horas sin parar a descansar y tampoco sabía cuánto faltaba hasta la siguiente área de servicio; después de un día entero de viaje estaba agotado. El reloj digital de mi Porsche Carrera 911 marcaba las 23:57. Entonces, al margen derecho de la carretera, vi un letrero que indicaba la entrada a un pueblo cuyo nombre nunca olvidaré.

Atravesé la calle principal de aquella villa en penumbra. Era una sucesión de casuchas grisáceas bañadas por una luna en plenilunio. Enseguida divisé una pensión y respiré aliviado; por fin un sitio donde poder pasar la noche y descansar. Aparqué el coche y me dirigí rápidamente hacia la puerta de la citada casa de huéspedes.

La lluvia era incesante. Llamé al timbre. Me estaba calando hasta los huesos, pero nadie salía a abrirme. Insistí reiteradamente en pulsar el interruptor, que era como los de antaño con aquel característico y atronador sonido metálico. Pasaron unos segundos que se me hicieron eternos...

-¿Quién vendrá a incordiar a estas horas? -Se escuchó de repente.

Unos segundos después se abrió la puerta y detrás de ella apareció una mujer de unos sesenta años. Era bastante corpulenta y oronda, de ojos pequeños, cejijunta, con una prominente nariz y labios muy gruesos. Llevaba puesta una bata de lunares y el pelo lo tenía recogido con unos rulos. Me quedé inmóvil ante ella.

-¿Quién te crees que eres para romper de este modo el silencio de la noche y despertarnos a todos? -Espetó la acémila pensionera a modo de bienvenida.

En ese instante no supe cómo reaccionar ante tal intimidación, pero conservé la calma y decidí que lo mejor, en aquellas circunstancias, era aguantar aquella bronca a deshoras y poder pasar la noche bajo techo, mejor que volver al coche sin descansar nada y con la tempestad que arreciaba.

         -Perdone mi insistencia señora, pero llueve a mares y…
-¿Traes equipaje? -inquirió.
-Sí, pero no lo he sacado aún del...
-¡Pues ve a por él, no pretenderás que nos empapemos los dos!

Me dirigí al coche. Abrí el maletero, saqué la maleta y volví hacia la pensión. Al otro lado de la calle vi a un tipo envuelto en una capa negra con unos anteojos de cristales verdes que, para mi asombro, relucían en la oscuridad, un sombrero de copa y botas altas de color negro. Toda su indumentaria era oscura. Intuía que aquel espectro viviente me observaba con una mirada profunda e inquietante desde detrás de sus extrañas lentes. Pero no estaba la noche como para quedarse en la calle, de modo que atravesé el umbral de entrada a la pensión y el portón se cerró tras de mí con un golpe seco.

R. AGUIRRE ©

domingo, 16 de noviembre de 2014

Prólogo de "El Pueblo de Nilyaé" (Por Eduardo Egido)



PRÓLOGO – EL PUEBLO DE NILYAÉ
 Por Eduardo Egido

Imagínate conduciendo por una carretera desconocida en plena noche, cuando la hoja del calendario está a punto de doblar al día siguiente. Aunque llevas entre las manos un deportivo de alta gama, hay que tomar en consideración que llueve a mares, que hace más de seis horas que las plantas de tus pies no conocen otro apoyo que el proporcionado por embrague, freno y acelerador (suprimamos el embrague en caso de que el deportivo en cuestión sea automático) que tus piernas comienzan a notar los calambres y que tus ojos están exhaustos de escudriñar en la oscuridad.
En esta situación de partida coloca Ramón Aguirre en su primera narración larga al lector. A partir de ahí, el autor no ofrece tregua a sus protagonistas   -y por tanto tampoco al lector- que se ven sometidos a una continua zozobra en la que la trama del relato escala un inacabable crescendo. Ya sabemos por sus anteriores obras, tanto en prosa como en verso, que Aguirre aborda permanentemente el género fantástico y de terror. Y en su primera incursión de largo recorrido no abandona la temática: Elige a dos jóvenes pillados en descuido y absolutamente inocentes y los somete a toda suerte de fuertes emociones en una peripecia que en ciertos momentos recuerda a las aventuras de James Bond, aunque lamentablemente el protagonista no dispone de la experiencia ni los recursos técnicos del célebre agente secreto y debe enfrentarse a pecho descubierto a los malvados que lo acosan.
La narración no abandona nunca una densa atmósfera, semejante a un pesado manto húmedo que atosiga a los personajes. Exactamente igual que el procedimiento utilizado para torturar a los prisioneros en las siniestras cárceles contemporáneas, que provoca una insoportable sensación de asfixia. Los extraños sucesos saltan escena tras escena sin solución de continuidad, en un ambiente más propio del mundo onírico que del mundo real. Para su desgracia, el protagonista pasa del cómodo habitáculo de su coche deportivo a los escenarios descarnados de un pueblo habitado por seres que solo tienen de humano la apariencia y cuyo comportamiento deja traslucir la naturaleza del engendro, seres dominados por el poder sin límites de Nilyaé, el líder demoníaco que se autodenomina Líder Instaurado.
Es indudable la influencia que el conocido escritor estadounidense H. P. Lovecraft (a su vez influido por Allan Poe) ejerce en el estilo y la temática de Aguirre. El ambiente opresivo, los sucesos fantásticos, el contundente lenguaje y los nombres de los personajes siguen la estela del autor de “Viajes al otro mundo”. A propósito de los nombres, hay que dejar constancia de que Aguirre se sirve de una onomástica que se graba en la memoria con facilidad, y así, la pensión del pueblo está regentada por la pensionera; su siniestro marido es pelo-pegado, y el único personaje del relato que no rezuma maldad –excepción hecha de la pareja protagonista- es la enana Romualda, que contrapone su elevado altruismo a su menguada estatura.
El estilo narrativo de Aguirre se va consolidando a medida que se suceden sus publicaciones. La contundencia del lenguaje le permite dibujar imágenes que ganan en plasticidad, logrando con economía de medios componer escenarios nítidamente definidos. Las descripciones son directas, eludiendo los circunloquios que a veces corren el riesgo de crear confusión. Resulta difícil que el lector se pierda en el hilo de la narración o en el sentido de las frases. El autor vierte una gruesa capa de alquitrán para facilitar el tránsito del itinerario.
Para transitar, pues, las calles de “El pueblo de Nilyaé” es recomendable una luz en penumbra y una música de película de suspense. Antes de sumergirnos en los inauditos sucesos de esta novela conviene llenar de aire los pulmones porque a continuación nos espera la respiración entrecortada propia de una veloz carrera para no quemarnos los pies en el calor de los acontecimientos.

                                                                 Eduardo Egido

lunes, 10 de noviembre de 2014

PRESENTACIÓN "EL PUEBLO DE NILYAÉ"























EL PUEBLO DE NILYAÉ

PRESENTACIÓN EN PUERTOLLANO

VIERNES 21 DE NOVIEMBRE
A LAS 19.30 HORAS

EN EL CENTRO CULTURAL
CALLE NUMANCIA, 55
(JUNTO AL AUDITORIO)

¡¡OS ESPERO!!