sábado, 13 de diciembre de 2014

El Pueblo de Nilyaé - Capítulo 2 _La Pensión_



_LA PENSIÓN_

2

         El recibidor de la pensión era bastante tétrico, sólo lo iluminaban seis velas que se encontraban en el interior de otras tantas calaveras encima del mostrador. De la pared colgaba un cuadro, sombras negras sobre un fondo gris plomizo; a la izquierda, la figura de un hombre de negro ataviado exactamente igual que el tipo que había visto unos minutos antes en la calle, incluso portaba los quevedos verdes relucientes en el cuadro. En el centro la figura de la muerte –el esqueleto, con su capa, su capucha y la guadaña—, y en el lado derecho del lienzo una tumba con una extraña inscripción ininteligible para mí.

Debajo del cuadro había un viejo sofá, roído y sucio por el paso de los años, ¿o tal vez debería decir siglos? En el techo una lámpara de araña. Parecía un milagro que la luz eléctrica hubiese llegado ya a aquel fantasmagórico lugar.
         Encima del mostrador había una nota que decía:

Habitación 6. Planta Primera.
Coge tú la llave.
¡Ya has molestado bastante por hoy!

La llave estaba unida por una cadena a un crucifijo de plata vieja que tenía grabado en color rojo escarlata un seis. Agarré la maleta y, sin mirar nada más, subí la escalera.

Las paredes estaban forradas de terciopelo rojo, lo que le daba a todo aquello un aspecto innegable de suciedad y hediondez. Se atisbaba una tenue luz en el piso superior que me permitía subir los escalones sin tropezar. La pensión estaba impregnada por un olor rancio. Pero pensé que sólo tendría que aguantar aquel ambiente una noche, y que por la mañana me largaría de aquel extraño lugar.

Por fin me planté delante de la puerta número seis, por unos momentos dudé si entrar o no, pero al fin me decidí. Metí la llave en la cerradura y pasé. Le di al interruptor de la luz y se encendieron seis bombillas intercaladas, de las doce que había en la lámpara dorada, también de  araña, que colgaba firme del techo. Dejé la maleta a los pies de la cama y pasé al cuarto de baño, después de orinar, tiré de la cisterna, que hizo un ruido espantoso.

Me quité la ropa que estaba empapada y saqué de la maleta un pijama limpio, me lo puse y apagué la luz, no tenía fuerzas ni para darme una ducha.

Me metí en la cama y empecé a darle vueltas a la cabeza… seis calaveras, habitación sexta y seis bombillas en la lámpara: 666, un número un tanto peculiar... en fin mañana será otro día ¾pensé para mis adentros¾ y finalmente caí rendido en un profundo sueño.

R. AGUIRRE ©

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