sábado, 20 de diciembre de 2014

El Pueblo de Nilyaé - Capítulo 3



3

        Estaba dormido y, de repente, unas fuertes manos rodeaban mi cuello e intentaban estrangularme; me faltaba el aire y me ahogaba, trataba de incorporarme pero no podía moverme, me pesaba mucho todo el cuerpo y estaba paralizado. Abrí los ojos y sólo veía a la oronda propietaria de la pensión encima de mí, babeando del esfuerzo y con los ojos inyectados en sangre. De repente, justo cuando pensaba que iba a morir asfixiado, me incorporé con rapidez  y me llevé las manos al cuello. Jadeaba y mi corazón parecía que iba a salir despedido del pecho, inspiré y espiré profundamente unas cuantas veces, hasta que fui recuperando el aliento y la serenidad, sólo había sido un mal sueño.

        Me levanté de la cama despacio y descorrí la cortina. Tuve que taparme los ojos por un momento y girar la cabeza de modo instintivo. El sol brillaba con fuerza y mis pupilas todavía no se habían adaptado a aquella luz cegadora, que contrastaba enormemente con la tormenta del día anterior. Fui al baño, aunque no sabía si ducharme o no, en mi mente afloraba aquella famosa escena de Psicosis y después de la pesadilla que había tenido, no me quedaban muchos ánimos. Mi sentido de la higiene pudo más y me duché, no sin evitar un hormigueo extraño en el cuerpo, y en mi imaginación parecía escuchar el sonido chirriante de aquella película de Alfred Hitchcock.

Me sequé, me puse la toalla por la cintura y volví a la habitación. Abrí la maleta, saqué unos boxers, un pantalón vaquero, una camiseta limpia, calcetines, unas zapatillas casual; me vestí y bajé. Toqué el timbre plateado que había encima de la mesa de recepción. Allí no aparecía nadie, miré el reloj.

                                       Eran las nueve de la mañana…



R. AGUIRRE ©

No hay comentarios:

Publicar un comentario