viernes, 15 de mayo de 2015

El pueblo de Nilyaé - Capítulo 6


6

         Era miércoles y lucía un sol abrasador, pero en aquel pueblo había algo extraño, algo que no sabía explicar en aquellos momentos; era una sensación de tedio, de hastío y al mismo tiempo de inseguridad y fragilidad. La relación con aquella gente era diferente.

Respiré profundamente y me encaminé hacia mi Porsche.

Las calles eran sinuosas, empinadas y muy irregulares, la calle por la que pasaba la carretera era la más ancha y llana. Las casas de la calle principal eran muy viejas, parecía como si aquel pueblo hubiese nacido a raíz de la carretera, como si la gente que iba pasando por ella se fuese quedando a vivir allí, no cabía otra explicación…

Me iba acercando al coche y completamente absorto comprobé que ¡Le habían rajado las ruedas! Solté la maleta y me llevé las manos a la cabeza, aquello no me podía estar pasando… parecía una auténtica pesadilla o una broma de bastante mal gusto.

 Volví indignado a la pensión. Llamé al dichoso timbre, esta vez muy cabreado y abrió la puerta la engreída pensionera.

-Hay un taller a las afueras, tal vez allí te puedan solucionar el problema ¾dijo nada más verme al abrir la puerta.


No ganaba para sorpresas, ¿cómo diablos podía saber aquella imbécil, lo que le había pasado a mi coche si ni siquiera había salido a la calle? A no ser que tuviera algo que ver con lo que estaba ocurriendo. Pero ponerse ahora a pensar todo eso no solucionaba nada. Decidí dirigirme hacia el taller, a ver si encontraba una solución rápida para largarme lo antes posible de aquel deleznable pueblucho, que me producía muy malas vibraciones y siempre he sido bastante intuitivo, tanto con las personas como con las situaciones diferentes que nos pueden abordar en cualquier momento.

R. AGUIRRE ©

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